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El futuro de la esclerosis múltiple progresiva: nuevas líneas de investigación apuntan a terapias más precisas y reparadoras
Desde terapias celulares hasta biomarcadores moleculares, la ciencia avanza para dar respuesta a la forma más discapacitante de la esclerosis múltiple.

La esclerosis múltiple progresiva (EMP) representa uno de los mayores desafíos para la investigación neurológica: a diferencia de la forma recurrente-remitente, su avance es lento, acumulativo y muchas veces perjudica de forma irreversible la función neurológica. En la actualidad, científicos, fundaciones y alianzas internacionales están impulsando múltiples estrategias para comprender mejor sus mecanismos y desarrollar tratamientos efectivos.

 

Uno de los avances más recientes proviene de Esclerosis Múltiple España, que reporta la creación de un nuevo recurso global de datos clínicos e imágenes especialmente diseñado para acelerar la investigación en EMP. Este repositorio permitirá consolidar cohortes amplias y homogéneas para estudiar el daño progresivo, analizar cómo evoluciona la enfermedad y, eventualmente, validar dianas terapéuticas.

 

Paralelamente, la Alianza Internacional de EM Progresiva, una red colaborativa de centros de investigación, ha otorgado becas a proyectos que buscan explorar rutas moleculares implicadas en la neurodegeneración, la reparación de mielina y la neuroprotección. En estos estudios participan equipos de varios países y se abordan desde la epigenética hasta el daño axonal, “mecanismos clave que podrían ser esenciales para interrumpir el curso progresivo de la enfermedad”.

 

Además, hay esperanzas puestas en terapias celulares. Un ensayo clínico con células madre neurales, cuyos resultados preliminares ya fueron reportados, demostró que la infusión en el cerebro de pacientes con EMP es segura y podría estabilizar la discapacidad durante al menos un año de seguimiento. Este método pretende reducir la inflamación crónica y restaurar parte del daño neuronal o de la mielina, un enfoque que podría complementar otras terapias.

 

Otro frente muy prometedor es el biomarcador: científicos argentinos (del CONICET y la Fundación Instituto Leloir) identificaron proteínas que podrían servir para diagnosticar el compromiso cortical en fases progresivas de la EM o como blancos para nuevos tratamientos. Estos descubrimientos podrían aportar herramientas para intervenir antes de que el deterioro neuronal sea irreversible.

 

En el terreno farmacológico, los estudios también avanzan. Según la Fundación Esclerosis Múltiple, se están desarrollando terapias que no solo actúan sobre la inflamación, sino que buscan favorecer la remielinización o proteger las neuronas del daño degenerativo. La meta es transformar el abordaje terapéutico hacia intervenciones más estructurales, no solo de supresión inmunológica.

 

Si bien los avances son alentadores, los investigadores coinciden en que el camino por delante es complejo. La EMP exige diseños de estudios específicos, biomarcadores más precisos y ensayos que consideren su heterogeneidad. Además, la colaboración entre instituciones, la financiación sostenida y la participación de pacientes son factores clave para convertir la ciencia en tratamientos reales.

 

En resumen, la investigación sobre la esclerosis múltiple progresiva está en un momento de inflexión: nuevas fuentes de datos, estrategias celulares, descubrimientos moleculares y terapias innovadoras se combinan para ofrecer la posibilidad de frenar la progresión y mejorar la calidad de vida de quienes conviven con esta forma agresiva de EM. Aunque la cura sigue siendo un objetivo a mediano o largo plazo, los avances actuales refuerzan una perspectiva optimista para el futuro.

 

 

Fuente: Intramed.